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Por: Ericka Ares CNP 11846
Soya: ¿Falacia o Bendición?
La industria de la publicidad ha creado un milagro
en ventas con la soya. Hace un par de décadas, la
soya estaba considerada no apta para el consumo
humano, inclusive en Asia. Esta leguminosa se
cultivaba en la antigüedad para proveer nitrógeno a
los campos a través de sus raíces en la rotación de
siembras.
Con el descubrimiento de su fermentación hace más de
tres mil años, se incorporó a la dieta de los chinos
en muy pequeñas cantidades ya que se conocían sus
propiedades “antinutrientes” o gran cantidad de
toxinas naturales. Hoy en día, sin fermentar, la
soya es fuente aún más rica de riesgos para su
salud.
La parte más fina de la cabuya: El Tercer Mundo
Siendo tan tóxica, es alarmante como se ha vendido
la idea su alto aporte nutricional, especialmente en
los países eufemísticamente llamados en vías de
desarrollo. La más dañina de estas toxinas se conoce
como ácido fítico, la cual bloquea la absorción de
nutrientes como calcio (= huesos débiles), magnesio
(= accidentes cardiovasculares), cobre (= debilidad
del sistema inmunológico), hierro (= anemia) y zinc
(= poco desarrollo intelectual y agresividad), y
resulta en la interrupción del crecimiento y el
malfuncionamiento de la tiroides (= obesidad,
envejecimiento prematuro de la piel, cabello y
cerebro, letargia).
La soya inhibe una serie de enzimas entre las cuales
se encuentra la tripsina. Sin ésta, el páncreas se
inflama hasta producir cáncer. Así mismo, también es
coadyuvante del aglutinamiento de los glóbulos rojos
(= trombosis, embolias) por su alto contenido de
hemoglutinina.
Anticonceptivo natural…
Los isoflavonoides son una familia de fitoestrógenos
propios en la soya. Entre éstos se encuentran la
genistina y la daidzina; hormonas sexuales femeninas
que precipitan la maduración sexual de quienes la
consumen, personas o animales, y, tras la maduración
precoz, resulta en graves trastornos del sistema
reproductivo. En hembras suele ocasionar cáncer de
endometrio y seno, esterilidad y amenorrea, y en
varones, malformaciones congénitas como la
hipospadia o malformación del los genitales.
La Cenicienta alimenticia
Los milagrosos procesos industriales, el empaque
llamativo, la publicidad masiva y las estrategias de
mercado que exaltan las “bondades” de la soya son
las razones reales detrás del atractivo y
popularidad de la leguminosa que, en su estado
natural, es maloliente y de aspecto nauseabundo.
Muchos estudios “venden” la soya como la panacea del
nuevo milenio y es que la industria de la soya
reporta ganancias sobre los 1.000 millones de
dólares americanos al año, solamente en los EEUU.
Obviamente, la industria posee los recursos para
comprar estudios, doctores, centros de
investigación, órganos regulatorios gubernamentales,
entre otros.
Sólo gracias a saborizantes y colores artificiales,
preservativos, edulcorantes, emulsificantes y otros
componentes sintéticos puede convertirse a la soya
en isolato de proteína de soya. Esto es un derivado
del poroto de soya y se considera de segunda
generación, lo comprenden la leche, la lecitina y el
queso de soya. Además de evitar los alimentos
mencionados anteriormente, también son tóxicos el
tofu, el tempeh, el miso, el aceite y, por supuesto,
la salsa de soya.
Si le recomiendan soya para reducir el colesterol,
usted puede ingerir unas cinco almendras sin su piel
diariamente. Se dejan en remojo desde la noche
anterior y luego se pelan con agua tibia. Las
almendras son antioxidantes, proporcionan grandes
cantidades de proteínas, minerales, vitamina E,
fibra, calcio, magnesio y potasio, previenen la
osteoporosis y regulan la presión sanguínea. |