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Por: Ericka Ares CNP 11846
Azúcar: Suicidio en cucharaditas…
El azúcar es un aldehído o cetona derivado del
alcohol polihídrico y sus formas más comunes son
monosacáridos y disacáridos, según el número de
moléculas en su formación; se les conoce también
como carbohidratos.
Los monosacáridos están presentes en caramelos,
frutas, mantequilla de maní, vegetales y frutas
enlatados, los infames “cubitos”, medicinas, pasta
dental, complejos vitamínicos y en casi todos los
productos “libre de grasa”.
Los efectos nocivos para la salud por el consumo
habitual de azúcares son bien conocidos y están
ampliamente documentados. La diabetes, el asma, las
enfermedades mentales, los cambios de humor, los
cambios en la personalidad, los desórdenes del
sistema nervioso, las enfermedades cardiovasculares,
la hipertensión, enfermedades de la vesícula, la
artritis son algunos escasos ejemplos del daño que
ocasiona el dulce enemigo.
Los azúcares refinados casi siempre se metabolizan
como grasa. La glucosa, fructosa, sucrosa,
galactosa, maltosa y la lactosa se digieren tan
rápidamente que el cuerpo no tiene otra alternativa
que convertirlos en grasa saturada. Por naturaleza
estos ácidos grasos saturados son pegostosos y por
ende, al entrar al sistema vascular tapan arterias
aumentando la posibilidad de derrame cerebral,
predisponen a la diabetes y afectan negativamente el
desempeño en atletas.
A nivel celular, las mitocondrias responsables por
la producción de los movimientos musculares
descomponen las moléculas de 6-carbon glucosa y uno
de sus subproductos es el 2-carbon acetato, es decir
vinagre. Los acetatos son los bloques de
construcción del colesterol. Si se producen más
acetatos de lo que nuestro cuerpo puede quemar, las
reacciones enzimáticas forman depósitos adiposos que
retardan la oxigenación de las células musculares e
impiden la buena irrigación sanguínea.
Enemigo público #1
La sucrosa está presente en casi todos los
comestibles procesados. Desde el azúcar blanco
simple, la dextrosa, el sirop de maple, entre otras,
son todos disacáridos compuestos por glucosa y
fructosa. No aportan minerales ni vitaminas, y para
ser absorbidos por el organismo éste debe ceder sus
propias reservas para poder asimilar y quemar la
energía.
En el caso del azúcar blanco hay otro elemento
perjudicial como lo es el ácido fosfórico. La
industria de la producción de azúcar utiliza este
corrosivo como: ¡blanqueador y pulitura!
La fructosa es sólo natural y beneficiosa cuando se
obtiene directamente de las frutas frescas. La
versión empaquetada y vendida como sustituto
“natural” de la sucrosa está refinada a tal grado
que surte el mismo efecto, robándole al organismo
sus tesoros minerales, vitamínicos y enzimáticos.
Aunque la fructosa no eleva los niveles de azúcar en
la sangre como su pariente anterior, dispara los
niveles de triglicéridos de manera significativa.
La miel, aunque natural, tiene gran cantidad de
carcinógenos adheridos durante el proceso de
producción industrial ya que los apiarios utilizan
pesticidas en la siembra de flores. Las enzimas y
nutrientes contenida en la miel, son eliminados por
los fabricantes al calentarla para darle esa
atractiva apariencia translúcida. Otros colocan
depósitos de agua con azúcar para acelerar la
producción desnaturalizando así el principio
silvestre y puro de la miel.
No tan “light”
Los “toles” tales como sorbitol, mannitol, xilitol
son alcoholes edulcorantes industriales elaborados a
partir de hidrógeno y glucosa comercial y por la
forma cómo se metabolizan, suelen agregarse a
productos para diabéticos e hipoglicémicos. Su
absorción lenta los hace muy comerciales en la
industria del “libre de azúcar” pero incrementan el
número de bacterias Streptococcus Mutans que se
adhieren a los dientes.
Al ingerir otros tipos de azúcar, estas bacterias
proliferan brindando la química perfecta para una
más rápida presencia de la caries. El consumo de
productos en los cuales exista la presencia de
sorbitol, mannitol, xilitol, entre otros, está
relacionado con desórdenes estomacales como
gastritis y diarrea.
Enemigo oculto
La mayoría de los cereales y galletitas industriales
contienen sirop de malta agregado para endulzar el
producto. Al igual que la sucrosa y la fructosa,
roban al organismo de nutrientes con el agravante
de, en la mayoría de los casos, modificaciones
genéticas, es decir alimentos transgénicos. Las
investigaciones en este campo, aunque poco
divulgadas, apuntan a un detrimento de la salud. |